Con motivo de la visita del grupo italiano Cucinema di Genzano a Bilbao, tuve la ocasión de participar en la acción sensorial-aromática musicucinema. La acción pone en paralelo el acto gastronómico de la comida-cena como lugar de encuentro y de colavoración mutua, junto con el acto de hacer una película que connota mucho más el mundo del arte y de la obra y del trabajo estético. Para el evento se disponen unos nucleos de actividad que diseñan un espacio social de colaboración. En cada uno de estos nucleos hay una actividad específicada explicitamente. Los dos más importantes; una gran mesa con la película transparente extendida (con las marcas del tiempo del film) y materiales para pintar e intervenir el celuloide; y otra mesa con los ingredientes y cacharros de cocina donde se va preparando una pasta italiana que será la cena. Cerca de estos dos espacios un espacio donde intervenir sobre diapositivas con distintos materiales, un dispentsatorio (donde se va a pensar o a desconectar, sacando ideas, anotando pensamientos o simplemente guardando silencio), y una última parte donde se escogen menus musicales (composiciones con distintos objetos de toda procedencia bajo títulos de inspiración gastronómica) que se escogen y se graban en una cinta magnética al momento. Estos lugares dentro del espacio diseñado permiten canalizar un curso de acción común manteniendo constantemente el margen para la improvisación y el deseo de cada uno de los átomos-individuos que participan. La intención de cada uno de ellos se dirige a una finalidad común compartida: cenar mientras se ven las diapositivas y al terminar proyectar la película hecha por todos los asistentes.
En el arte de acción siempre hay una tensión cuando al estar metiendo gestos, o actos de la vida cotidiana precisamente en el contexto del arte que por definición se desmarca siempre de aquellos. Por un lado se intenta salvar la distancia vida-arte pero por otro se levanta una barrera más tensa aún ya que se hace palpable esa intención y casi siempre evidente su fracaso. En la acción del Cucinema se pone la performance en el plano de lo más cotidiano, consiguiendo un efecto contrario al anterior; se trae performance a la acción cotidiana. La película final y el menu que se degusta no difieren en nada, ambos son el testimonio que da cuenta de lo que ha ocurrido. La película formalmente cercana a ciertas corrientes de vanguardia y experimentales es tan importante como los “estrangulacuras” que comemos (como se escribe en italiano?). Artesanía y Arte se cruzan y se confunden. La estructura y disposición de los espacios posibilitan el flujo máximo de acción. Cualquiera puede cambiar (y debe hacerlo) tan pronto como empieze a atisbarse el mínimo aburrimiento.
Me interesa de una experiencia como esta su despreocupación por los aspectos externos formales y su concentración en los aspectos internos del proceso creativo en libertad pero siguiendo unas reglas de juego explicitadas que hacen la acción colectiva más significativa y cordinada-compartida. Si se juzga el film en terminos extenos podría pensarse que no es más que una simple y tosca imitación a las películas pintadas experimentales de vanguardia típicas del siglo pasado. Pero la acción, el valor de la acción, es casi totalmente exclusivo de la experiencia compartida y el resultado objetual final no es más que un símbolo de lo que ha pasado; así como una foto en la cima de una montaña que da testimonio de la experiencia de ese día de excursión no es la obra pero si simboliza algo que valoramos.
Loty negarti, donostia
volver