EPiLOGO: LA ISLA AUSTRAL
Evento audiovisual construido a partir de los álbumes de fotos  /Epiilogo y /laislaaustral
2015/12/19 ZARATA FEST 2015 Festival de musicas rara y afines, Edición X,  HIKA ATENEO  (Ibeni Kaia, 1, Bilbao)




Abrir el primero, cerrar el ultimo

¿Cómo articular desde una posición individual nuestras memorias compartidas sin caer en una pura suma de perspectivas individuales?1 Pregunto a ciegas como quien consulta sin saber qué puertas abren qué preguntas. En el año 2006 abrí un álbum online en el que empecé a subir fotografías de nuestras correrías por urbe vasca. Aquellas fotos documentaban las incursiones y excursiones de un grupo de amigos2 que regularmente se encontraba para entrometerse en asuntos y lugares extraños (muchos de ellos, aunque no todos, abandonados). En nuestra oficina recopilábamos historias, anécdotas, documentos y mapas para después salir a patear espacios abyectos. El álbum /epiilogo3 fue convirtiéndose en una narración visual de aquellas aventuras terrestres.

Aquél mismo año ocurrió el primer Zarata Fest. Por aquel entonces yo había empezado a hacer música de manera más constante y a dar algunos conciertos. Abrí el festival con una improvisación en solitario usando el mismo bajo y el mismo amplificador que diez años antes había conseguido cuando intentábamos hacer un grupo de punk rock con unos amigos de Algorta. Queríamos hacer canciones y nos juntábamos todos los domingos en un caserío casi en ruinas de Barrika. Después de meses de mucha diversión juntándonos para tocar empezaron los problemas y llego el aburrimiento. Tal y como lo recuerdo, la banda se dividió en dos bloques. Guitarra y batería deliraban de pronto con las virtudes técnicas de músicos de algunas bandas que admiraban y empezaron a tomarse demasiado en serio lo de aprender a tocar “bien”. La obsesión por la técnica sepultó toda la ilusión4. El otro guitarrista y yo entendíamos las cosas de otra manera. Se suponía que el virtuosismo musical no entraba en los planes de una banda de rock como la que pretendíamos ser. Nosotros dos queríamos tocar nuestras propias canciones, como fuera, pero las nuestras, las que hablaran de nosotros y desde nosotros. Veíamos en el punk rock más primitivo el modo y el medio perfecto para lograr aquello. Todo se fue a la mierda y yo me quedé con las ganas de hacer aquella música que nunca llegamos a hacer. Después de unos diez años estaba yo allí, en L'Mono de Irala, haciendo ruido frente al mismo amplificador y el mismo bajo que había comprado a Pepe el de Rumba Norte. Feedback y ecualizaciones azarosas, volumen y roturas, ruido e improvisación mientras los miedos, vergüenzas e inseguridades caían por el barranco de los errores: aunque llegara tarde, el punk debía ser aquello. Sólo faltaba lo de hablar de nosotros y desde nosotros5.

Todo dio mil vueltas y dejé atrás Gipuzkoa para caer de nuevo en Bilbao. En octubre del 2013 viajé a Montréal y retomé de nuevo la cámara de fotos con ímpetu y amor renovados. Abrí un nuevo álbum de fotos que pudiera dar cuenta de las situaciones más ordinarias de mi nueva vida. De vuelta a Bilbao /laislaaustral6 se convirtió en una colección de registros de momentos cotidianos a la vez que me ayudaba a arrancar una especie de tentativa para estudio fotográfico. Mientras, el Zarata Fest continuaba su curso como una cita anual que, con el pretexto de la música “extraña” y desde la periferia, nos ayudaba a encontrarnos y seguirnos mutuamente la pista entre quienes estábamos interesados en trabajar de una manera más desnuda y pretendidamente abierta.

Diez años después, en diciembre del 2015, presento a modo de concierto/instalación la pieza Epilogo: La Isla Austral con la que doy cierre al último festival. Traté de construir un acontecimiento audiovisual basándome en los dos álbumes que acabo de mencionar y manejando materiales muy personales en un contexto también muy personal. Como en la película EPOJË JEPOË7, es la deformación y construcción de las memorias lo que me interesa. En el espacio pequeño de Hika Ateneo (al que se acceder por el camino del baño) las paredes están empapeladas con hojas de periódico y otras publicaciones de color amarillento. Al fondo de la sala hay dos ventanas con letras de vinilo que dan a la calle. Detrás se ven la ría y el muelle de Urazurrutia8 que, de noche y con la luz de las farolas, toma unos colores tristes y anaranjados. Bajo las persianas y apago las luces. El proyector de la izquierda lleva una selección de fotos del álbum /epiilogo a una frecuencia de diez segundos en negro y dos segundos por fotografía. Desde el proyector de la derecha pasa el álbum de /laislaaustral a una cadencia de dos segundos por fotografía y dos segundos en negro. Ambos canales duran unos 20 minutos y las dos proyecciones se solapan ligeramente en un espacio intermedio de cruce. Los diferentes ciclos de la proyección se combinan inesperadamente en una especie de arritmia visual que yo no puedo controlar9. El espacio se deforma y redefine visualmente al proyectar de manera expandida sobre la superficie; sobre las paredes, el cristal de las ventanas, las letras del empapelado... Proyecto sobre los bafles de sonido y ligeramente sobre una columna que está en primer plano a la derecha. En mitad del espacio coloco un micrófono con su pie que proyecta una sombra bien definida sobre las imágenes.

También hay una extraña música. Un festival como el Zarata se llena de personas medio sordas que levantan la voz para poder hablar y contarse cosas. A veces hay personas tan sordas que para estar seguras de que hablan tienen que levantar la voz hasta el alarido. También los alcoholes avivan las conversaciones. Si vas a tocar el último del último día tienes que tener en cuenta que la sala se llenará de voces incontinentes. No se puede reprochar nada en un festival que se llama “Zarata”. La situación de gente hablando podría ayudarme a completar la proyección. Al fin y al cabo se trata de diez años de excursiones y travesías entre amigos que hablaban mucho y sin parar. Pensé que la música ambiental sería lo más adecuado y que la música ambiental más adecuada tendría que ser una música de voces y conversaciones. Una versión conversacional de la música de mobiliario tipo Satie. Durante la noche del viernes me dediqué a grabar las voces entre concierto y concierto. A veces el murmullo se deshacía con la entrada de alguna conversación comprensible en primer plano. También grabé algunos aplausos de la audiencia. Con esos fragmentos construí una pieza-bloque de unos 20 minutos donde diferentes capas se mezclaban hasta colapsar en breves tramos de palmadas. La música va subiendo de volumen desde lo inaudible hasta producir una masa más compacta de ruidos. Después paneos y ecualizaciones constantes y cambiantes. Al final, el último minuto y pico, son todo aplausos de las mismas personas que están en la sala viendo la “película”.


Loty Negarti


1 [                     ]

2 Recuerdo algo de todo aquello en un texto escrito para acompañar las fotografías en búnkeres de Asier Gogorza. Tenía éste artista un interesante proyecto de libro que no ha podido salir; Asier busca editor. (http://www.asiergogortza.net/index.php?pro=29)

3 https://www.flickr.com/photos/epiilogo/albums/72157662976378926

4 Ahora veo que también nuestro exceso de ilusión amorfa nos hubiera impedido el acceso a cualquier técnica. Eramos Claudio, Aritza y Angel.

5 ¿Cómo hacer para hablar de nosotros y desde nosotros?

http://laislaaustral.tumblr.com

7 Una película sin centro de sentido, panorámica incompleta. Dos bloques fragmentados e incomunicados intentan encontrar conexiones en la imaginación de la espectadora. Un grupo de personas hace cosas: se mueven, hablan, manipulan objetos. Ni se niega ni se afirma nada, ninguna pista a la hora de elegir entre uno u otro curso de acción. Se está a la búsqueda de un sentido con la actitud de poner entre paréntesis para poder seguir “una” historia. Banda sonora y metraje visual van por libre pero se encuentran a rachas y, cuando lo hacen, entiendo lo que no había pensado antes. www.gabone.info/film/EPOJE-JEPOE.html

8 Han pasado algunos años desde las demoliciones y cada vez que miro desde este lado del puente de San Anton la zona de Urazurrutia completo con mi imaginación la estampa y reconstruyo las viejas casas que antes había sobre la carretera de doble carril que ahora asciende a la zona de Miribilla.

9 Es una estructura muy simple para producir combinatorias que puedan ser comprendidas en base a la organización de esa misma estructura.












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