A  S  K  E  R  O  S  O   G  E  T  X  O   S  O  U  N  D

Aquello debió ser la ostia. O eso dicen. Yo estaba allí mismo, más o menos en los años en que pasó todo, y no me enteré de nada. No nos enteramos absolutamente de nada. Estabamos demasiado ocupados en perder aquel tiempo que se nos dilataba eternamente. Nos pasamos casi media década en un parque de Algorta, escupiendo en el suelo largas horas, haciendo montañas con cáscaras de pipas y apagando chustas en los lagos de lapos que creábamos en tardes tristes. Chupábamos frío en invierno y nos asfixiábamos en verano. Nuestro mundo terminada allá donde terminaba el paisaje más cercano (De Berango a Leioa, del Puerto Viejo a Portu). Casi todo nos parecía una auténtica mierda, un absoluto aburrimiento. El espíritu Punk venido a menos en su última resaca, venido ya a casi nada, puro resquemor, malestar, ansiedad, desmotivación... sospechábamos de casi todo y de toda nueva moda. Parecíamos la encarnación del fin de la historia en los cuerpos de unos adolescentes de pueblo. Detestábamos lo que nos rodeaba pero no teníamos bandera. Así que tampoco sabíamos bien qué amar. Los fines de semana íbamos a Berango (a una casa abandonada en invierno o a las campas que la rodeaban en verano) y cuando no, íbamos a Portugalete (a perdernos entre en los bares del laberinto de la parte más vieja). Eramos unos absolutos incompetentes en relaciones diplomáticas con otras cuadrillas, en todo lo que fuera relacionarse de forma sana con la gente. No nos lo creíamos. Casi nada, por no decir nada. El olor a plástico y gasolina de las sucursales bancarias que ardían nos parecía algo cojonudo pero no dábamos un duro por los representantes oficiales de “la causa” en Getxo. Cuando la policía, siguiendo algún grupillo de encapuchados, tan cotidianamente, disolvía las multitudes que bebían a la puerta de los bares, nos divertíamos corriendo excitados como algo que nos sacaba de aquel tremendo aburrimiento. Pero de Getxo Sound nada de nada. Ni enterarnos. Y por lo poco que sabiamos de aquello ninguna gana de saber más. Además cantaban en ingles, o cantaban en castellano como si cantaran en ingles (que era peor aun) y a todo aquello nos parecía que no iba con nosostros. Música pija. Prejuicios o lo que fuera, nos parecía música para otros. Porque era la música de alguna gente del pueblo que tanto detestábamos (sin saber por qué). Había que ser un listo para conocer y seguir a los grupos referencia de aquellas bandas. Viajar al extranjero, saber inglés, tener padres modernos, comprar revistas que no se vendían en cualquier kiosko... Grupos americanos y así. Nosotros sólo queríamos saber de lo que nos llegaba en los cassetes que rulaban a nivel más popular y lo que escuchábamos en los cuatro bares por los que salíamos o los grupos que tocaban en algunos gaztetxes y en las fiestas de verano de los pueblos de cerca y de Bilbao (RRV, Post-RRV y todo eso). Con aquello nos bastaba, aquella banda sonora iba al pelo con unos marrajos con la autoestima baja como nosotros. Mientras, según dicen, hubo en Getxo ciertas salas donde debieron pasar cosas grandes. Grupos alucinantes, parece ser. Nosotros no íbamos porque había que pagar, y nuestra política era la de sólo escuchar conciertos que fueran gratuitos. Además, para retroalimentar el asco generalizado y sin fundamento que sentíamos, sólo queríamos música que sirviera para gritar letras directas y claras. Letras que dejaran claro que todo aquello (¿el qué?) era una auténtica basura que, tarde o temprano,terminaría por pudrirse. Detestábamos el ingles, como buenos paletos. Aunque con el tiempo terminaríamos dandonos cuenta de que no ibamos tan desencaminados: el ingles es una lengua que nos imponen los mierdas que gobiernan el mundo. A parte de Sex Pistols, Exploited, U.K. Subs y alguna otra excepción (grupos a los que se les entendía lo que estaban diciendo sin necesidad de leer las letras), todo lo que fuera en inglés nos sonaba a auténtica pijada. A MTV o 40 Principales. Nuestra ignorancia y nuestra imbecilidad eran intencionadas, sin embargo. Queríamos no saber más allá de lo justo. Allí estábamos, completamente asqueados. Nos hubiera gustado haber nacido en otro sitio, pero estábamos en Algorta, a mediados de los 90 y, ni nos sentíamos de Algorta ni de los 90. Mientras, el ahora tan famoso Getxo Sound crecía y moría. O más bien moría, porque yo estoy hablando del periodo 96-99. No se si La Grieta es Getxo Sound o no. Lo que sé es que nos hubiera encantado. Aquello (si hubiéramos contado a nuestro favor con la motivación suficiente como para tomar la iniciativa y formar una banda) pudo haber sido nuestra propia banda sonora, hubiéramos sonado algo así. Destartalados. Sacados de quicio. Como unos auténticos anormales de pueblo tratando de imitar a los Pixies y riéndose a la puta cara del sonido pop de Getxo. Ahora pienso que si entre aquellas cintas que nos circulaban de mano en mano nos hubiera llegado el cassete (tan original como pirata) de Hermana Hostia, hubiéramos roto aquel jodido círculo transparente que casi acaba con nosotros, que acabó con algunos de nosotros. Y hubiera pasado algo que no llegó a pasar.


L.N. 2013, Muskiz