TCHAPUCERÍAS

INDETERMINACIÓN Y ERRORES DE BASE


Las siguientes ideas escritas aceleradamente van dirigidas a quienes se encuentren implicados en actividades de  creatividad poética. Apunto a una serie de cosas que ocurren en estos procesos. Hablamos sobre un cierto espectro de formas de hacer las cosas cuando uno entra al trapo en la creación artística. Las conclusiones son débiles, soy consciente de ello, pero creo señalar implícitamente varias ideas que podrían ser útiles a la hora de entender y afrontar muchas de nuestras prácticas creativas, fundamentalmente, repito, en el terreno del Arte. Lease pues a modo de introducción a un hipotético manual de creatividad disfuncional.


De entre las habilidades que van determinando al ser humano del resto de animales (además de la más fundamental de todas, el lenguaje) hay una de sumo interes; la capacidad de manejar objetos, de tomarlos con las manos y transformarlosi. La imaginación y la creatividad van ajustandose a los recorridos que traza la mano. Las Culturas se distingen (entre otras muchas cosas) por los diferentes conocimientos heredados de sus antecesores en estas habilidades conquistadas para construir y manejarse con útiles. Los útiles a la vez contribuyen a la modificación del entorno, ajustándolo a las necesidades y bajo las formas del deseo. La industria es el cúmulo ordenado de esas mañas o destrezas para hacer cosas con los objetos, para manipularlos mediante un conjunto de operaciones materiales o virtuales (matemáticas...). Estas se llevan a cabo para la obtención o para la transformación de objetos. La producción tiene un caracter social, es decir, estas destrezas, modos de hacer y organizarse en el hacer, y las relaciones entre quienes participan en la producción son de tipo social y no individual. Exactamente lo mismo que ocurre con el lenguaje. Esta disposición para servirse de objetos y producir, también se extiende al Arte, a la construcción de otras cosas que están más allá de los fines útiles pero repletas de significación. Desde el caracter mágico y simbólico hasta el puramente estético, los humanos fabricamos, además, obras sin más ulitidad aparente que la de satisfacer un tipo de deseos de la intuición y la fantasía. Tanto las obras de Arte como las de la industria son el resultado de comportamientos e ideas heredadas. Ese caracter de herencia las hace definitorias de una Cultura determinada. Estas habilidades y procedimientos vienen con la historia de grupos de personas específicas. Por tanto junto con las formas de proceder a la hora de producir, junto con las prácticas heredadas miméticamente se heredan también ideas de lo que estas actividades son. Esto es a lo que apuntan de alguna manera expresiones como “hacer como dios manda”, “tener fundamento” o “saber hacer”. Se tienen ideas previas aprendidas de cómo se tiene que hacer algo para ser aceptado como tal cosa. Un puente, una iglesia, una boda, una conferencia o unas Patatas a la riojana son cosas bien definidas y preconcebidas mediante ideas transmitidas. El puente, la boda, se hacen bien o se hacen mal. Lo mismo con las Patatas a la riojana.

Pero es como si esta idea de transmisión cultural no dejara margen para nuevas creaciones. Como si la herencia de la Tradición ahogara las posibilidades para nuevas formas de hacer y comportarse socialmente. El individuo lo tiene dificil para imprimir algo nuevo y forma suya propia de hacer. Y es que, de alguna manera, la fuerza de lo construido históricamente por el conjunto cultural se impone sobre el individuo penetrándole con la educación por los poros -y anulando en muy gran medida- su capacidad creativa de intervención. Imaginar lo nuevo es dificil, o mejor; es difícil sobrepasar el límite impuesto por el saber hacer bien una cosa. Es como si las nuevas imaginaciones formaran aún parte de “otro mundo”. Lograr que capilaricen hasta lo más común de la experiencia cultural (social) es casi equivalente a tener que esperar largo tiempo a la repentina eclosión de violentos sucesos que cambian de raíz el modo de vida de una sociedad, como ocurrió por ejemplo con la Revolución Industrial.

Parece entonces que el hacer mal una cosa (la incorrección), ese desajuste con los sólidos estandares transmitidos por la tradición implicara estar haciendo una otra cosa diferente a la idea prefijada. Hacer un puente (por seguir con el ejemplo) sin plataforma horizontal, parecer no ser un “puente” sino más bien otra cosa, algo tan mal hecho que ya ni se asocia con la idea previa. Este idealismo pragmáticoii de la tradición encamina los comportamientos por caminos trazados. Estos caminos, no obstante, se parecen más a un sendero marcado vagamente con la insistencia del andar que a una limpia y clara calzada de suelo urbanizado.

Sin querer exaltar la individualidad y la originalidad de la persona única, me interesa pensar sobre cómo serían posibles creaciones de lo nuevo, exploración y descubrimiento de nuevos campos y maneras de hacer que de alguna manera despierten la atención y la imaginación de cada momento histórico hacia sus potencialidades dormidas. Aceptando el valor intrínseco a la Tradición, reconozco en ella lo aprendido en largos procesos de exploración, pruebas y necesidades. Pero también debemos entender como de suma importancia la necesidad de conocer cómo se pueden abrir nuevos caminos, cómo ensanchar los márgenes para replantear las formas y la expresión saliendo de posibles estancamientos conservadores. Lo nuevo no es un valor positivo en sí mismo, pero sabemos no vivir en el mejor de los mundos posibles y pienso que entre lo distinto de la novedad suelen aparecer los rasgos de un mundo mejor.

En la crítica al idealismo pragmático, parece que estamos buscando las anomalías, las inesperadas torceduras que de pronto aparecen en un panorama cultural determinado, excitando el clima y entrándolo en una especial agitación propia de los momentos de crisis. De pronto, alguien produce algo en claro desajuste con el estandar, algo para lo que en un primer momento no encontramos un nombre adecuado y nos agita. Ese primer momento sin nombre -suele ocurrir así muy a menudo- es en el que automáticamente decimos que la novedosa parida es un tal o cual (aquí el idealismo) mal hecho (aquí el prágmatismo); una chapucería. Me interesan estas formas de hacer mal las cosas que en castellano reciben el nombre de “chapuza”. Ese tipo de obra de poca monta o mal hecha, labor de poca importancia, tosquedad, imperfección en un artefacto u obra o más bien en su construcción.

Hay varios tipos generales de chapuza, varios conjuntos diferenciados por su extensión pero compartiendo nombre por la propiedad que las define. Hay chapuzas en ingeniería, en política o en Arte. Y todas ellas son, en el fondo, iguales en la (mal)forma, pero distintas en las consecuencias. Una chapuza ingenieril es sinónimo del desastre. En política sus consecuencias son normalmente sufridas por los más débiles. Pero en el terreno del Arte (que no estamos hablando de políticas culturales ni de museos chapuza sino de la obra y de su aparición) y de otras producciones poéticas, el asunto es bien distinto ya que sus consecuencias no se sufren como cuando pretendemos un fin claramente práctico. La obra de Arte es inútil en ese sentido, no sirve para nada funcionalmente definido (que no es que el Arte no tenga función alguna), y por eso precisamente el bien hacer y el mal hacer no pueden estar tan claramente implantados ni transmitidos. El Arte no cumple una función objetiva o no soluciona, al menos, problemas técnicos u operativos (que no es lo mismo que decir que el artista no tiene que estar solucionando problemas técnicos u operativos en su proceso creativo para llegar a los fines que se proponga en cada momento). Durante muchos años en las escuelas se enseñaba a pintar bien, a esculpir bien o a escribir bien poesía. Desde hace más de un siglo importantes sucesos en el mundo del Arte impiden pensar en esos términos. No estoy diciendo que haya dejado de existir buena poesía, o buena pintura. Sólo advierto del sinsentido de tratar de enseñar a pintar bien, por ejemplo.

Por esto, las concecuencias de la chapuza en el dominio de la creación poética en general son de caracter totalmente distinto al de otros ordenes de la acción humana. Inclumpir los preceptos de la Armonía y el Ritmo, o dislocar la Perspectiva en la representación pictórica nunca han sido sufridos como un desastre (aunque haya habido quienes lo considerasen el inicio de la decadencia de la Cultura). Cada una de estas deformaciones en el canon han abierto o contribuido a abrir nuevos caminos para la creación. No basta con que alguien haga mal para que algo se aprecie como un nuevo giro en el estilo. Pero cada una de estas anomalías es una expresiòn seminal de lo nuevo, la promesa de un posible camino para quien sepa atender.

Buscando intencionalmente esos nuevos caminos, el Arte moderno descubre el nuevo campo abierto de la experimentalidad. Con ese mismo deseo de producir agitaciones en lo sedimentado se empieza a funcionar experimentalmente. Esto es, probando y examinando prácticamente las propiedades de una cosa. Haciendo operaciones destinadas a descubrir o comprobar determinados fenómenos o principios. Sufrir y padecer, notar lo que pasa, observar en sí las formas y las posibilidades.




[...] el espíritu humano lleva progresivamente al descubrimiento de sí mismo, crea, mediante el conocimiento del mundo exterior e interior, formas mejores de la existencia humana.”


                                                                                                                                                                                                                                              W. Jaeger PAIDEIA, 1933

Este conocimiento de sí mismo, para ser pleno, requiere de un grado fuerte de libertad imaginadora. Es necesario que alcance el campo de la libertad por excelencia que es el poético, para poder decidir y diseñar esa existencia humana mejor. Como si de un laboratorio de pruebas se tratara, el artista abre las posibilidades para nuevas formas de comportamiento y que luego serán trasladadas al resto de niveles de la cultura y la acción en ese proyecto de mejora de la existencia.

Y se vive la libertad de la manera más plena y especial en el Arte. Se llega con ella a nuevos momentos o situaciones que nos enriquecen. El artista ejerce esa libertad como puede y con todos los medios a su disposición. Siempre tratando de descubrir cómo puede más. En ese intento recurre a todas las estrategias posibles, trata de dirigir su asunto (que es la obra) siempre más allá. La experimenación, el arte experimental, supone una de ellas, pero no la única. Se puede ser artista sin ser artista experimental. Aunque es difícil hoy (después de la historia que acarreamos en la memoria nuestra estética) no trabajar experimentalmente. Pues no es un requisito esencial de todo trabajo artístico, pero la experimentación es siempre en algún momento un proceder necesario. Y esto porque hemos entendido que no hay un estricto bien hacer Arte más allá del que cada cual sea capaz de ir descubriendo de manera asumida propiamente.

En esa búsqueda de cómo poder ir más alla, la chapuza, como ruptura con la regla del deber hacer para hacer bien, puede convertirse en otro recurso a nuestra disposición. Pues la chapuza abre las posibilidades y nos descubre nuevos caminos. Nos lleva más allá por el camino del accidente y de la ruptura de las reglas. Su fallar intrínseco, ese frustrarse, faltar o salir fallida una cosa (no respondiendo a lo que se esperaba de ella) supone ponernos en la situación crítica de tener que replantear el problema estético y sus posibles soluciones.

Equivocándonos, teniendo o tomando una cosa por otra, obrando en desacuerdo con la idea previa heredada abrimos un campo de indeterminación fértil para la creación poética.

La chapuza hace, en cierto sentido, el recorrido inverso al de las obras impuestas por el canon. En estas últimas la idea se pone y prefija de antemano el procedimiento. En aquella, la experiencia concreta y la situación puntual, van sugiriendo formas, ajustes y soluciones al problema. El chapucero convencido, es entonces, en lo que a esto respecta, antiidealista. En la chapuza estamos viviendo el momento en su urgente inmediatez. En ella, no se llega a saber nunca bien qué es lo que se está haciendo (hasta que se hace). Se está en una interesante indeterminación entre una idea que se sabe, una situación material y concreta que se va imponiendo con toda la fuerza de un martillo que golpea un dedo, y la consciencia de una ignorancia que imposibilita llevar a cabo el plan ajustándose a la idea.

El error inherente al hacer chapucero viene con el idealismo del perfeccionista que juzga desde fuera del proceso en que está inmerso quien crea. Desde este idealismo categórico se juzga la obra como falta de seriedad e incluso aberrante. Pero queremos encontrar un hueco para entender y afirmar la chapuza como una actitud convencida de sí misma en la producción de nuevas formas. Los juicios de debilidad moral y la falta de seriedad no deberían tocar aquí, en esto, a quien se sabe capaz de superar sus inestabilidades mediante el trabajo continuado y el descubrimiento del camino propio sin complejos.

Pero el asunto que abordo ahora es problemático pues resulta paradógico que haya algo en la chapuza que es la negación de sus posibildades, y es la mala conciencia, su inherente conciencia de desacato y culpa. Perdiendo el miedo y lanzándonos a la chapuza, ésta, deja de comportarse como tal y empieza a ser una cosa distinta. Corremos el peligro de que se nos diga que esto que defendemos no es ya una chapuza (por el simple hecho de defenderlo sin complejos), sino otra cosa distinta. Por eso cualquier intento como este de defenderla, entra en un crítico momento. Parece que, la chapuza, para ser tal necesitara ser consciente de su estar haciendo mal, pero al defenderla como un recurso creativo más, junto a la experimentación y otros, parece anular esa conciencia de culpa que requiere la definición.



Loty negarti, Octubre 2007, Donostia

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iAhora sabemos de algunos primates superiores que se manejan con objetos e incluso transmiten a los más jovenes la manera de hacerlo, no importa, hablo aqui de la suma de habilidades que nos diferencian y no de una en particular.

iiAcuño yo mismo este término para referirme a esa actitud o tendencia. Si se ha dicho anteriormente algo con estas palabras lo desconozco y de ser así no deben confundirse los términos y sus empleos típicos con la unión de ambos que yo hago ahora aquí. No digo “pragmatismo” en el sentído filosófico sino en el sentido más coloquial de “practica” o “uso”.