ARCO 2005.   SUPERMERCADO DEL ARTE

Escrito junto a los grupos Gu.min y Siderurgik people con motivo de la celebración de la feria ARCO

[Publicado en REVOLUCION NEOLíTICA#4 Primavera 2005 issn 1699-3276]

 

 

 

 

 

Una brisa de indignación sopla sobre el paisaje de la culturalmente selecta dedicación del arte.

 

Recién clausurada la FERiA española de arte contemporáneo más prestigiosa (caudalosa) celebrada en el IFEMA de Madrid, un cierto resentimiento colma nuestras mentes.

 

Siendo concretos y ciñéndonos al marco de Arco-2005, uno se da cuenta que el bunker del arte contemporáneo, ese que componen las distintas ferias artísticas, museos y galerías, tiene tejido un contexto de buenas redes de seguridad y atrincheramiento.

  

Si uno en IFEMA  quisiera realizar fotografías a cualquier puerta del exterior del ferial, recibe la puesta en escena de las leyes del mercado del arte y la propiedad estética, que le conceden no una oportunidad para agudizar su mirada estética, sino una represión  que no deja expresar ni realizar la libre expresión  de la recreación  estética individual, fuera del mercado  y el prestigio cuantitativo.

 

En Arco-2005, un supermercado mundial de arte, se presentan las obras que los cánones de la compra-venta, ofertan y demandan.

Así bajo este panorama, uno se asusta de pagar una cantidad excesiva de dinero para poder ver una feria de compra-venta de arte generalizado, que con tintes seudo-vanguardistas nos quiere hacer creer que es también portadora de categorías estéticas cualitativas.

 

Arco es la feria de las ferias y el encuentro de los encuentros entre comerciantes, jóvenes utilizados, ladrones, y traficantes de mercancías artísticas. ¿Qué es mercancía artística?, ¿Qué es el arte como producción de mercancías?. Son este tipo de cuestiones la que nos atañen aquí, si bien para dirigirnos en otro momento a la gran cuestión del ARTE.

 

 

Hay una tensión  inaguantable en todo lo que representan las ferias del arte.

Las instituciones para el arte que empiezan con un “tienes que vender”, no pueden contribuir beneficiosamente a generar sitios de ARTE, de comunidad de “conocimiento” artístico. Pues si el arte nace para comerciantes no nace arte, nace otra cosa, no sabemos qué es. El arte para ser ARTE hoy necesita de un compromiso serio, un compromiso con la VIDA del SER HUMANO. El arte no ha muerto, quienes quieren su defunción suelen ser generalmente personas extrañas al arte. El arte es juego que enseña, que busca soluciones unitarias para la vida emocional del animal humano. En el trabajo del arte se busca un sentido integral para la acción de la persona. El artista no puede eludir la cuestión política pues nace para llegar a los otros, con los otros a la muerte y a la vida.

 

El cuestionamiento de ARCO es radical. Es desde el fundamento ideológico de este evento que plantamos una negativa.

Bien es cierto que hay que advertir  la situación del artista. Este necesita unos medios de subsistencia para su dedicación a  cuestiones estéticas. Sin embargo de ahí a la inversión de los términos y poner por delante la economía como dominadora de la actividad artística hay un trecho. Un salto inadmisible.

 

 

 

Todos los medios de difusión de la cultura oficial se hacen eco de la importancia de las experiencias de vanguardia del siglo XX. Esos movimientos explosivos que azotaran nuestras doctas ciudades allá por la primera mitad del siglo pasado ( y que produjeron semejante angustia y temblor entre los “académicos de las bellas artes” que veían como su imaginario escolástico y de gremio medieval se venia abajo en un abrir y cerrar de ojos) han sido vorazmente fagocitados por la ECONOMiA (esa economía abstracta que camina sola, fuera del control de su amo, el humano de carne y hueso, trayéndonos a la imaginación aquel monstruo del doctor Frankenstein); por la publicidad, por los museos y sus galeristas, por las escuelas que forman genialidades del arte...y en definitiva por la gran medusa del espectáculo.

Nos basta con ojear cualquier  historia del arte universal; vomitonas de imágenes de obras como las de Pollock, Malevich,  Duchamp, Kandinsky, Jorn, Oteiza...

 

Malevich vacía la pintura, Oteiza la escultura, Duchamp elimina el objeto, Pollock descompone cualquier calculo predeterminado, Kandinsky elimina definitivamente la referencia en la naturaleza exterior... y así asistimos a un desmoronamiento de la academia, de las normas del buen gusto, y de todo el lastrante ropaje que vestía y disfrazaba la verdadera esencia del arte como mecanismo estético; La poética integral para la acción.

 

Es palpable y obvio que nuestra época es ya una época nueva distinta a la de las vanguardias. Parece asomarse un nuevo tiempo que ya no se plantea las cuestiones de la vida, para la vida, de la misma manera que lo hacia  en el siglo XVIII, el XIX o en la primera mitad del XX.

Preferimos mantenernos al margen de etiquetas y peleas de recreo. Unos lo llaman postmodernidad, otros modernidad avanzada, otros simplemente contemporaneidad. Nosotros preferimos llamarlo nuestra época.

El asunto es constatar que el desarrollo de la economía como un gran fantasma motor, y los cambios y la evolución sufridos en los modelos económicos occidentales, mundiales, han caracterizado el escenario cultural como un lugar ampliamente peligroso. El ámbito de mayor libertad, de juego y desarrollo; el ARTE,  se ve reprimido, controlado y manejado desde ámbitos  externos a él. Se ALIENA negándosele con ello sobrevivir en su forma esencial.

 

 

Ya  cuando en nuestra cotidianeidad se escribe sobre experiencias sensibles se percibe, a menudo, un gesto orientado exclusivamente a la mercantilización del objeto artístico. Esta línea de escritura abre los campos donde vive el ¨Arte¨ que la institución europea financia, debido a que conoce sus beneficios de producción y mercantilización, y los extravíos que se cotizan en valores cuantitativos de mirada competitiva.

Ante esto os invitamos a la reflexión y a la crítica activa del engaño al que el individuo es sometido, a través de la mediatización de la información y el espectáculo mercantil enmascarado.

Copyleft