BÚSCATE EL P(L)AN (Y LA FELICIDAD) EN OTRA PARTE

Una variación reducida de este texto publicada en revista etecé nº11 2006 

 

 

 

Un espíritu hipnótico vuela por el aire de nuestro territorio.

Cientos, miles de jóvenes, aparentemente forzados a escapar o condenados a un extraño ostracismo cultural, huyen en desbandada de nuestras ciudades y pueblos, como buscando “al otro lado” una vida mejor. Un extraño éxodo contemporáneo hacia grandes metrópolis que prometen la solución a los todos los males. Recuerdan a quienes saltaran en otro tiempo, desesperados, “el gran muro” (del este hacia el oeste) siguiendo el rastro de sus deseos frustrados, buscando la felicidad.

 

 Pero, ¿Qué felicidad?, ¿Que vida es esa que se les promete “al otro lado”?, ¿Quién la promete?. Acaso una grande y dominante ilusión colectiva, que se desvanece de un plumazo al tocar tierra, arribando en andenes de estación y apeaderos solitarios en los que nadie espera. Situación que recuerda más (en el plano de la cultura) al aterrizaje forzoso de subsaharianos intentando entrar a Europa  que al amable agente turístico con el cartelito que reza “DON TAL”.

En el país vasco hoy, domina un síndrome entre los sectores más jóvenes de la población activa[1] que podemos llamar de la desbandada general. El retrato (descripción sintomática), se dibuja con unos simples trazos; sentimiento de frustración y/o impotencia para transformar las condiciones de vida cotidiana, trabajos precarios, escasos sueldos que no dan para satisfacer las expectativas de vida, asfixia, aburrimiento extendido, estancamiento, pequeñez territorial, y un largo etcétera de causas que producen el generalizado efecto de huida buscando el pan y la felicidad.

 

Pero la realidad es bien distinta a estas ilusiones. Realmente nadie encuentra el sueño prometido en semejantes movimientos de huída; parece que en el fondo no escaparan más que a sí mismos, parece que sea un problema mental más que otra cosa. Porque estamos de acuerdo en que las cosas aquí no están fáciles para nadie, pero eso ni aquí ni en ningún otro sitio. En una ciudad como Barcelona, no hay más oportunidades, ni se vive mejor ni la vida cotidiana resulta más divertida, ni labrarse una carrera profesional es cosa sencilla. La conquista de la felicidad nunca fue tarea fácil para nadie. Quien pretende escapar a una gran ciudad esperando que allí los problemas se resuelvan solos como  por arte de magia comete un grabe error.

Cuando la felicidad se persigue exclusivamente en las condiciones externas resulta una aventura imposible. Conquistar la felicidad supone embarcarse en una aventura interior, quiero decir, aventura de una misma, en la conquista de sí. Por lo demás, lo mismo da estar en Berlín, BCN o Amorebieta.

 

Suelen apuntar estas personas que en cualquiera de estas ciudades las condiciones son mejores porque “allí hay de todo”.

Este es el gran mito que quiero derribar. En BCN[2] no hay de todo, ni se puede encontrar a gente de todo tipo. Encontraras a lo sumo gente de todos los lugares que vive y hace las cosas en BCN a la manera en que las cosas se hacen en BCN. Aquí quiero llegar. Es posible invertir la perspectiva de que allí-hay-de-todo-y-todo-se-puede-hacer y pensar que allí-ya-esta-todo-delimitado de una manera precisa, que los caminos ya están trazados claramente y las formas de hacer y pensar tan definidas que la tarea de ser creativo resulta más dura y fatigosa. Una ciudad como BCN  es “la creatividad mutilada”. Porque si Euskadi tiene algo es precisamente que no tiene mucho, es decir que no hay mucha cosa en prácticamente casi nada, de tal modo que cuando alguien trata de construir algo, la virginidad del terreno cultural ofrece mayores posibilidades (en prejuicios, ideas, iniciativas, modos de hacer) creativas. Solo hay que ponerse a hacer. La ausencia de propuestas juega a nuestro favor. Esta potencialidad operativa de nuestro entorno debería resultarnos inquietante al menos.  En Euskadi hoy, a pesar (y tal vez por ello precisamente) de la ausencia de propuestas, "crear cultura" es una tarea, aunque difícil, mucho más estimulante. Pensamos que, tras un cambio de enfoque mental respecto a nuestra situación, así debería ser.

 

Estos movimientos demográficos a grandes ciudades que se presentan como los grandes centros de “la cultura” y “el saber”, afectan a la creatividad y la mutilan reduciendo (desde la ideología) las enormes posibilidades de acción que ofrecen otros parajes, y localizaciones. En este caso hablamos del país vasco, porque vivimos nosotras en él, pero lo mismo que decimos sirve para otros lugares alejados de los centros urbanísticos dominantes.

 

La oposición a acudir en manada a estas grandes ciudades (cosa que también deberíamos tener en cuenta dentro de nuestro territorio; podría estar pasando algo similar a escala vasca con Bilbao) es una lucha “ideológica”. ¿Contra que se lucha?, contra una mentalidad centralizadora, una ideología de control de cualquier forma de creatividad y gestión de las experiencias de los individuos habitantes de los macrocentros urbanos. La apuesta por resistir en casa, es una apuesta por la descentralizad, por la diversificación de las localizaciones geográficas, urbanísticas e ideológicas en las que desarrollar las acciones culturales. Es al mismo tiempo una apuesta por modelos de trabajo y creación reducidos a una escala "más humana", en la que poner en funcionamiento ideas sobre la relación de igual a igual entre individuos.

Hay además una especie de obligación “moral” como creadoras con nuestra sociedad, con nuestro tiempo. Obligación  de quedarnos y "construir la escena", levantar el escenario e inventar las funciones nosotras mismas. Básicamente porque si  todas nos diéramos a la fuga, cultiváramos opulentas carreras profesionales en ciudades de moda y centros “cool” del extranjero, volveríamos un buen día a casa encontrándonos una desastrosa situación cultural, en pobreza máxima, y ¿Qué diríamos entonces?, ¿podríamos seguir maldiciéndolo todo, el provincianismo y el mal hacer de quienes aquí han permanecido?, ¿Qué hubiera ocurrido si los Eskorbuto hubieran marchado a Londres porque allí estaba el Punk?.

 

Sin caer en chovinismos y sabiendo que hay cosas muy interesantes ahí fuera,  es necesario expresar un profundo rechazo a esas ideas dominantes que parecen querer inducirnos a comportamientos reacios a cualquier intento real por transformar activamente nuestras condiciones culturales, por transformar nuestro entorno local inmediato decidiéndonos con ello a vivir (y definiendo de que manera deseamos hacerlo) en este lugar.

 

Es el viejo dilema del pequeño acomplejado  ante la mirada elevada de los mayores. El antiguo complejo y la falta de originalidad de quien no sabe ver lo que tiene delante de sus narices; un papel en blanco. ¿Vértigo?, se trata precisamente de ilusionarse ante la multiplicidad de posibilidades que ofrece la vacuidad del espacio, de ilusionarse porque en el vació todo puede ocurrir.

 

Resulta ridículo el hecho de que se hayan estandarizado comportamientos como el de escapar del propio entorno de cada una, protegiéndose bajo el débil argumento de que en el País Vasco no hay una escena rica en posibilidades y estimulante para la creación cultural, y que por tanto es necesario buscarla en lugares más prometedores. Pues si eso es así solo se puede hacer una cosa; ponerse manos a la obra. Debería de ser esa misma supuesta ausencia de propuestas el estimulo para construir otras nuevas.

Son tiempos difíciles en los que la ideología mutilante de los medios de lo alternativo paraliza nuestra acción. Esta misma nos lleva a vivir la simulación de una actividad cultural propia y real, que se queda en poco más que eso (simulación) dejando de desarrollar acciones concretas y mucho menos que respondan a un plan más o menos elaborado de trabajo. El vigilante ha entrado en nuestra conciencia, se ha filtrado casi sin advertirlo nosotras. Es el momento de matarlo.

 

Perfectamente podríamos considerar que estamos en un momento propicio de nuestra historia reciente, momento gozne en el que poder desligarnos de la reciente tutela cultural de los años 80, de los prejuicios creativos de esa generación (y las inmediatamente posteriores) y a la vez no dejarnos vacilar por valores inducidos por el mercado más rancio. Estamos en un momento interesante, en el momento propicio para construir nuevas formas que emanen de nosotras sin sucumbir a comportamientos prefabricados como el de la huída a otra parte buscando un contexto social interesante.

Los medios técnicos y la situación sociopolítica dejan grietas considerables para acciones encaminadas a construir situaciones interesantes que traten de satisfacer  nuestras inquietudes vitales como artistas o como creativos.

¡Es tiempo de resistir en casa!

 

CORNELIA POTTOK

Copyleft



 

[1] En casi todos los ámbitos profesionales aunque nosotros aquí hacemos referencia al dominio de la creación estética (artistas, diseñadores, músicos, escritores, dramaturgos, cineastas…).es evidente que quien desea trabajar o profundizar en estudios avanzados de alguna materia como la astrofísica o cualquier otra rama científica de ese tipo, necesita ir al extranjero y entrar en contacto con los centros y las personas que se invierten dinero y energías en ello. No nos referimos a ello, solo a aquellos ámbitos de trabajo cercanos al arte.

[2] Hablamos casi todo el tiempo de Barcelona pero bien puede trasladarse el caso a cualquiera de las otras metrópolis, ciudades-marca (incluida Bilbao que parece en los últimos tiempos empezar a funcionar  de manera igual en el País Vasco) que desarrollan estrategias de atracción de jóvenes como materia prima para la producción en el sector de servicios y la lucha frente a otras ciudades-marca.

articulos

index