Publicado en la revista SOLïLOQUïO B como respuesta al textp ANTI-COPYRIGHT escrito y publicado por Mattin en el número anterior

COPYLEFT, NO CCOPYLEFT


Soy programador de software, no un experto en derecho. He llegado a interesarme por el copyright porque no hay forma de evitarlo en el mundo de las redes informáticas. Como usuario de ordenadores y de redes desde hace treinta años, valoro las libertades que hemos perdido y las que podríamos perder. Como autor, puedo rechazar la mistificación romántica del autor como creador semidivino, frecuentemente esgrimida por los editores para justificar el incremento en el alcance del copyright de los autores, que los autores luego cederan a los editores.” Richard M. Stallman, Malinterpretar el copyright: una sucesión de errores




    En estos días de relación telemática, superpoducción y supercirculación de objetos culturales, es preciso pensar bien qué medidas tomamos cada uno/a para la difusión de nuestros trabajos. Ello no sólo (por motivos tácticos) para dar a conocer lo que hacemos sino también, y sobre todo, por intereses sociales. En este artículo intentaremos pensar y justificar nuestra opción personal como difusores de trabajos desde nuestra plataforma. Para ello tomamos como referencia el texto publicado por Mattin en el número anterior de la revista Solïloquïo. No tratamos más que reflejar las ideas que nos han surgido tras su lectura. Quienes lo hayan leído recordarán que se presentaba bajo un título muy significativo haciendo un juego de palabras con el logotipo de las Creative Commons y el Anti-Copyright.

En ese texto, Mattin, defendía el uso que él mismo hace del concepto de Anti-Copyright, es decir, la negación de cualquier derecho de propiedad sobre la obra e incluso el rechazo de la autoría misma. Entendemos que en esa defensa proyecta sus razones sobre los demás pretendiendo que sean entendidas, compartidas y con ello dando a entender que deberíamos emplear esa misma opción Anti-copyright. Nosotros haremos lo mismo. Aunque no estamos de acuerdo con algunas de las razones que deberían de movernos a recurrir a esa “licencia”. Apostamos por el COPYLEFT como concepto. Ponemos aquí algunas ideas sujetas a revisión y comentario por parte de quien se vea interesado o aludido.


En la base compartimos los mismos objetivos que él. En ese sentido estamos en el mismo barco; deseamos la libre circulación de las producciones culturales y estamos contra la artificiosa creación de economía de la escasez (bienes materiales) en lo que es por naturaleza economía de la abundancia (información). Una sociedad en la que las creaciones (la música, los textos, o el software), una sociedad en la que el conocimiento y la información se mueven libremente estando a disposición de quien pueda disfrutar y aprovecharlos, es una sociedad que tiende a ser más autónoma. O al menos pone una base para ello. Compartimos con él el deseo por eliminar cualquier traba económica y posibilitar que los logros del trabajo de cualquiera pasen a ser riqueza de todos. Queremos liberar la cultura haciéndola cosa de todos, responsabilidad a la vez que obligación de todos quienes participan de la misma sociedad.

Sin embargo a la hora de entrar en los argumentos para justificar la negación del copyright hay cosas que nos chirrían a los oídos.


Creemos en la ley. Lo que no es lo mismo que creer en estas leyes ni en que la ley, por ser ley sea una sentencia inamovible de los dioses. La ley es precisamente el acuerdo común hecho escritura para salvaguardar los intereses del grupo; la ley persigue neutralizar a quienes al hacerse fuertes pretendan desplegarse de los intereses del grupo social como conjunto, recordándoles que tras esa “escritura” está un ser más fuerte que ellos aún, formado por todos . Esto por supuesto no implica reconocer la validez de los estados actuales ni tampoco su organización ni su forma abstracta dominante. Por eso no tenemos ningún empacho en reconocer las leyes como mecanismo para articular las relaciones sociales (Pero cuidado no nos cofundamos, habría que ver la naturaleza de esas leyes). Si la ley me obliga a comercializar por fuerza mis trabajos, por ejemplo, entonces tendré problemas con la ley. Ahora, si la ley me otorga el derecho de autoría y me permite liberar mis obras, no encuentro problema alguno.


Por otro lado pensamos que las producciones culturales, tal y como nosotros las concebimos, tienen que tener una meta específica; liberar al ser humano de una vida de alienación y sometimiento, acercándola cada vez más a formas más autónomas de vida autoinstituida. A esta tarea deben encomendarse todas las producciones de la cultura ya sean científicas, tecnológicas, filosóficas o artísticas. Sí, tampoco el arte se salva. Sea cual sea la forma específica final de la producción (o la tarea) finalmente debemos exigir a quien trabaja en el trabajo artístico que se oriente hacia esta loable meta emancipatoria. Es entonces la cultura (como conjunto integralmente) una labor con una finalidad muy específica. Por eso precisamente debemos asegurarnos de que sus productos tengan garantizada la libre circulación y disponibilidad para toda persona interesada en los resultados de este o aquel trabajo concreto.


Estamos de acuerdo con que no debemos permitir que las producciones más creativas y libres (arte, etc...) deban de pasar por el embudo de las licencias y que deberán liberarse todo lo posible de impedimentos legales inútiles. Y por eso también negamos legitimidad a agencias como las Creative Commons.


Recordemos que esta estructura jurídica es la misma que hace al capitalismo existir” comenta, pero olvida que también la que posibilita para nosotros, blancos occidentales, vivir protegidos de las hostilidades del resto de planeta en estas superabundantes sociedades que nos permiten dedicarnos a hacer nuestros trabajos. Y esto, lejos de ser un argumento de padre es un dato que no podemos obviar y que debemos afrontar; nuestra situación nos posiciona ante otras situaciones, sean cuales sean nuestras opiniones y juicios. Y si estos son lo suficientemente fuertes deberán llevarnos a estar en una situación distinta.


Lo que queremos atacar, es fundamentalmente la idea de que el Anti-copiright tenga ese carácter de desobediencia y antagonismo hacia la propiedad intelectual. Es decir, que no es el hecho de poner la etiqueta “Anti” lo que ataca de frente la idea de propiedad intelectual, pues al acompañarla de un nombre propio en la carátula o en la portada, se esta reclamando al mismo tiempo (en los mismos términos de economía de la atención que Mattin comenta acertadamente respecto a entidades de la red como Firefox o Google) a la atención respecto a ese nombre que toma protagonismo. ¿Por qué ese nombre propio en la portada o carátula?, porque aun respondemos a las formas típicamente de autoría. Creemos que pretender ser antagonista manteniendo los mismos modos de comportamiento tradicionales de la cultura clásica, acaba siendo lo que pretende no ser. Es decir, la etiqueta Anti-Copyright no termina siendo más que un “logo”, una etiqueta fetiche nostálgica de movimientos “románticos” del pasado pero que a efectos prácticos permite perfectamente albergar los comportamientos que pretende combatir desde la argumentación mattiniana .


En el mismo sentido resulta sintomático que negando la autoría reconozca que el trabajo es suyo (“...si alguien quiere intentar sacar dinero con mi trabajo, le deseo suerte!”). Y es porque a pesar de pretender negar la noción de autoría, en nuestros comportamientos cotidianos seguimos reproduciendo las estructuras que sustentan esa idea. Por ello podemos decir que la noción de autor, es algo más que una simple noción. Es una forma de estar haciendo las cosas, a día de hoy al menos.

Es necesario reconocer esto que acabamos de explicar, hacer nuestras estas ideas no significa integrar las contradicciones y las posibles negaciones del estado de cosas. Precisamente para que esto sea posible, nosotros pensamos que primero se requiere de un reconocimiento sincero de la situación. Si seguimos reproduciendo las estructuras tradicionales de autoría es preciso tenerlo en cuenta para ver cómo atacarlas si es que de verdad creemos que sean algo rechazable.

Una cultura desnuda, realmente desnuda, presentaría formas radicalmente nuevas que a día de hoy nosotros no asimilamos. Yo entendería el uso del anti-copyright en alguien que produjera sus trabajos colectivamente, que sacara sus discos y sus libros sin nombre o con nombres múltiples como Luther Bliseth o el caso de Monty Cantsin en el que montones de grupos de rock distintos llevaban ese mismo nombre, de manera que Monty llegaba a actuar a la misma hora y en la misma ciudad en montones de locales diferentes. Podríamos sacar un disco bajo el nombre de ARNALDO TREPONIO ya fuera una improvisación de Anla Courtis, de los Skiftingar o de quien fuera. Estaríamos entonces más cerca de negar la autoría como idea subyacente a los comportamientos. Porque, por mucho que consideremos que toda producción es ya colectiva por estar producida en el seno de una sociedad con sus formas culturales, no es lo mismo generar algo conscientemente y simultáneamente afrontado como colectivo, que algo que esta en los límites de decisión más o menos delimitados de uno mismo.



Al poner nuestro trabajo en manos de la ley, estamos al mismo tiempo reforzando esta ley y su poder. Otorgando nuestra confianza a las estructuras completamente jerarquizadas que la soportan, garantizando su continuidad. ¿Qué hacen las leyes si no categorizar nuestras vidas respecto a una buena o mala conducta, en nombre del bien de una sociedad que no hemos necesariamente elegido?”


Aquí olvida mattin que si bien no hemos elegido nacer en esta sociedad, (más bien hemos necesariamente no elegido nacer en ella) sí que estamos eligiéndola a cada instante, que no podemos dejar de elegir y por tanto la forma en que desarrollamos nuestras vidas (de hecho) es un decir “SÍ” o un decir “NO” al orden de cosas. Tenemos que asumir esa responsabilidad con nuestra acción y sus consecuencias.


...no hay ninguno de nuestros actos que, al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello, es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos,...” Sartre, El existencialismo es un humanismo


Las leyes organizan y estructuran la experiencia social pero nosotros podemos intervenir activamente (de múltiples maneras) en el rumbo de esa estructuración. El movimiento del COPYLEFT (que no se debe confundir con las Creative Commons. Es más, en este artículo queremos atacar también la monopolización que esta compañía está haciendo de ese concepto y de ese movimiento civil) es un ejemplo claro de lo que podría ser un movimiento de desobediencia respecto a unas leyes que se quieren cambiar.

Podría comprender que alguien en contra de la ley se comportara como los antiguos cínicos de la secta del perro. Es la única manera de llevar adelante, hasta las consecuencias extremas, el pensamiento contra la ciudad, la ley y su orden.

Ser antagonista es una tarea extremadamente ardua, cansada, demoledora. No basta con cambiar los discursos o proclamar intenciones (aunque indudablemente eso es ya una manera de empezar). Subvertir el orden de cosas establecido requiere de sacrificios muy duros; hay que transformar la forma de vida cotidiana, en los niveles más insignificantes. O si no, atenernos a lo que materialmente y prácticamente somos para tratar de buscar salidas efectivas.


Nosotros pretendemos cambiar el mundo en todos aquellos aspectos que lo consideramos rechazable, repugnante. Pero para ello debemos reconocer primero las formas en las que nos comportamos, las formas de vida que nos sustentan. Y solo después, desde ese reconocimiento, podremos salvar los obstáculos. En esa línea, tratamos de reconocer lo que tenemos y desplegar un discurso que salte todo lo que pueda las contradicciones. Si yo me comporto, al editar mis trabajos, reconociéndome implícitamente como responsable de ese trabajo (al poner mi nombre), y reconozco el estado del mundo en el que estoy (que contempla por defecto el derecho de autoría) entonces apuesto por el COPYLEFT como concepto útil para lograr los objetivos que me marco; liberar el trabajo de ataduras que imposibiliten su circulación fluida permitiendo que estén al alcance de cualquiera que muestre el menor interés por ellas. No entorpezco entonces, el camino hacia los objetivos que nos hemos planteado para la cultura; una sociedad emancipada.( Entiéndase con esto una sociedad que se crea y se perpetúa con el objetivo de hacer a sus integrantes más dueños de su experiencia, más autónomos a la hora de entender su mundo que les rodea y les penetra. Una sociedad en la que no intervinieran en las decisiones libremente tomadas y con arreglo a sus capacidades humanas fuerzas extrañas a la autonomía de los individuos en sociedad como son el mercado brutal o dios.) No necesito estar contra la idea de autoría si veo que es algo de lo que no consigo librarme pero que al mismo tiempo permite que los trabajos fluyan. Pensamos que el concepto de COPYLEFT es actualmente óptimo estratégicamente. Si lo utilizamos como concepto, como una etiqueta independiente de entidades como las CC y cualquier tipo de gestoría similar, deja perfectamente abierta las posibilidades para el autor o responsable del trabajo que ha generado la obra. Puedes limitarte a poner un simple COPYLEFT o precisar más aún sobre las posibilidades de utilización y empleo. Con él, reconocemos ser responsables de un trabajo que ha dado unos frutos que se materializan en algo (texto, video...) manipulable. A la vez, como responsables de ese trabajo (es decir, como autores; como causa reconocible más o menos explícitamente de esa cosa que entra en circulación social) posibilitamos que se libere de trabas y permitimos que circule para uso de quien lo desee obligando a un mismo tiempo a que se mantenga libre. El Anti-Copyright no garantiza esto. Un enemigo (un enemigo es para mí aquel que se opone de forma fuerte, frontal, directa a mi proyecto. Los amigos están conmigo en el proyecto y no se trata de que unos sean los buenos y otros los malos. Puedo discrepar con los amigos, no estar de acuerdo, pero quien no respeta las bases de la convivencia conmigo es mi enemigo.) puede emplear para bien propio un trabajo que tú quieres que sea libre, rompiendo la cadena y haciéndose con ese odioso Copyright de las multinacionales, por ejemplo.

Es cierto que si tenemos que vérnoslas con una de estas grandes empresas (como en el citado caso de Minor Threat) y con los tribunales y todo su séquito de personajes kafkianos seguramente perdamos e indudablemente estemos muy desprotegidos teniendo con nosotros todas las de perder. Si no hay traducción legal como en las CC o en la GPL estamos mucho más desprotegidos. Siendo el nivel de desprotección aquí idéntico para el Anti-Copyright que para el COPYLEFT empleado como concepto. Y si eso no es impedimento para emplear el Anti-Copyright tampoco lo es para emplear el Copyleft que, como concepto sin asociar a plataforma específica alguna como las CC, funciona igual de bien que aquel. Habiendo una diferencia fundamental; si una empresa multinacional, por poner el ejemplo más opuesto a mis intereses, se hace con una composición musical generada por mí y yo niego el copyright no podré ni tan siquiera asistir al juicio por razones obvias. ¿Qué le diría al juez? que estoy en contra del Copyright pero justo en ese caso no porque no quiero que esa empresa lo emplee?. El Copyleft posibilita la creación de un movimiento social de desobediencia que aprovecharía una ocasión como un juicio para protestar y reivindicar su lucha. Podríamos ir al juicio, aún sabiendo que contra los grandes abogados privados no hay nada que hacer legalmente, aún sabiendo que ellos se quedarán con el Copyright de la composición. Y podríamos asistir al juicio porque nosotros hacemos nuestra la idea de copyright pero para invertirla y proponer una nueva forma de entenderla. Yo estaría personalmente encantado de plantarme ante esos abogados y ese juez para protestar ante ellos, para decirles que me están utilizando, para denunciar la indecencia de esa multinacional y de esos abogados, para decirles que yo ajustándome a sus leyes soy el propietario intelectual de una obra que no quiero que sea empleada de la manera que ellos hacen uso, que estoy a favor de una nueva forma de emplear y poner en circulación los bienes culturales y que al igual que yo, hay muchos otros desobedientes que seguirán en ello. Cada juicio sería una oportunidad más para poner en conocimiento de los jueces lo que represento haciendo uso del COPYLEFT. Da igual que legalmente aún hoy no se reconozca lo que es el COPYLEFT, lo importante es que es un concepto que nos permite trabajar de otra manera y que nos permite defender unos valores específicos estratégicamente muy viables.


Loty negarti

www.gabone.info

Octubre 2006
Errenteria

COPYLEFT

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